Los refugiados… y la dimensión humanitaria del Estado mauritano
Por Yasmine Hellali

(Azzaman – Nouakchott)
A pesar de los desafíos que enfrenta el Estado mauritano para mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos, en un contexto marcado por acelerados cambios internacionales y regionales en los ámbitos político, económico, de seguridad, militar y tecnológico, la visión de su liderazgo político no ha perdido de vista su papel y su responsabilidad humanitaria hacia los refugiados y solicitantes de asilo que residen en el territorio mauritano.
Según las cifras anunciadas por el ministro mauritano de Asuntos Económicos y Desarrollo, su número supera los 300.000 refugiados y solicitantes de asilo, la mayoría de los cuales procede del vecino país de Malí. Esta presencia masiva conlleva múltiples impactos, entre ellos una creciente presión sobre los recursos naturales, los servicios básicos y las infraestructuras. Sus efectos no se limitan únicamente al nivel de los servicios prestados a los refugiados, sino que también repercuten directamente en las condiciones de vida de los ciudadanos de las comunidades de acogida.
La mayor parte de los refugiados se concentra en la wilaya de Hodh Chargui (al este del país), ya sea en el campamento de M’Bera o en más de 70 asentamientos de comunidades anfitrionas. Esta situación incrementa los desafíos que enfrenta el Gobierno mauritano, que se ha visto obligado a buscar soluciones para más de 200.000 habitantes de las poblaciones locales directamente afectadas por la presencia de los refugiados.
En el marco de su papel humanitario hacia estas poblaciones, el Estado mauritano puso en marcha dos planes nacionales destinados a atender tanto a los refugiados como a las comunidades de acogida. El primero, implementado en 2025, benefició a más de 471.000 personas, mediante un enfoque multidimensional que abarcó la seguridad alimentaria, el agua y el saneamiento, la salud, la educación, la protección y los medios de vida.
En continuidad con esta misma línea de acción, se diseñó un nuevo plan para el año 2026, basado en tres ejes fundamentales:
una respuesta humanitaria rápida para garantizar la cobertura de las necesidades urgentes ante cualquier desplazamiento masivo;
el reforzamiento de la resiliencia, a través de la mejora del acceso a los servicios y el apoyo a los medios de subsistencia, con el fin de asegurar la cohesión social;
la gobernanza y la coordinación, mediante la alineación de las intervenciones humanitarias con las prioridades nacionales de desarrollo, a fin de garantizar la sostenibilidad.
Cabe señalar que estos esfuerzos gubernamentales se complementan con los del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), cuya estrategia consiste en garantizar que los refugiados disfruten de la protección necesaria y reciban una asistencia adecuada, al tiempo que se trabaja en su integración progresiva en los servicios y sistemas nacionales.
Asimismo, el ACNUR colabora directamente con los refugiados y las comunidades de acogida para fortalecer su capacidad de toma de decisiones, su participación y su autosuficiencia, en el marco de un esfuerzo más amplio orientado a alcanzar soluciones duraderas. En este sentido, el organismo coopera con los mecanismos de respuesta humanitaria conjunta, con el objetivo de integrar los esfuerzos de las instituciones nacionales e internacionales para brindar protección humanitaria a los refugiados y a sus familias, así como todo el apoyo y acompañamiento necesarios.
Este compromiso convierte a Mauritania en un modelo humanitario en la atención a los refugiados y a sus familias.
Yasmine Hellali
Secretaria general del Foro Egipcio-Mauritano
para la Cooperación y la Amistad – Egipto

